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Para poder aceptar los regalos de Dios.

Si te detienes por un momento y te preguntas: qué es lo que verdaderamente impulsa mi vida cada día? … encontrarás quizás varias respuestas. Objetivos y metas tanto a corto como a largo plazo, y en varias áreas de tu vida, en lo familiar, lo social, lo profesional, lo económico, en el amor, en lo espiritual, en lo físico, en fin todas estás áreas son alimentadas y evolucionan gracias a los deseos.

¿Qué es un deseo? Bien simple y sencillo, un deseo es un regalo de Dios. Te hablo de los verdaderos deseos del corazón, aquellos que traen paz, alegría, prosperidad y gozo en pos de la armoniosa evolución de quienes los reciben. Siempre y cuando todo lo que desees y sientas para ti también lo desees y sientas para los demás, entonces puedes desear todo lo quieras, salud, amor, abundancia, prosperidad, sabiduría, compasión, discernimiento, paz, felicidad, en fin puedes desear ser la persona que quieras ser y obteniendo todo lo que deseas tener. Podríamos observar la naturaleza misma como una constante expansión de crecimiento y armonía, el deseo de expandirse siempre hacia lo bueno. Eso es el bienestar, ese es nuestro derecho como semejanza de Dios, su opuesto sería el malestar, el cual se manifiesta de igual forma, deseando, aunque de forma inconsciente, todo lo que no queremos que ocurra. Más adelante entenderás porqué.

Pues bien, cuando trato de explicar lo anterior entre mis estudiantes pareciera haber mucha confusión. Si mis deseos son regalos de Dios, entonces, cómo es que no logro recibir siempre lo que deseo, en algunos casos casi nunca? ¿Será que Dios responde a algunos con un “si” y a otros con un “no''? De nuevo encontramos el concepto erróneo de Dios, una idea de un ser ajeno y lejos de nosotros el cual de alguna forma pudiera ser caprichoso, autoritario y que de alguna manera castiga cuando no concede lo que deseamos, puede que algo en nosotros no sea de su agrado, piensan algunos, lo asemejan a la autoridad de un padre de familia o a un jefe de trabajo. Esa ha sido la falsa creencia cuando se nos enseña a limitar nuestros deseos, pues entre muchas doctrinas religiosas y adquirir abundancia con la vida que deseamos existe un conflicto creado solamente por las mentes indisciplinadas del hombre. Este es en mi experiencia uno de los obstáculos más desgastantes y limitantes que encuentro cuando las personas tratan de aceptar lo que desean, pues la mayoría de las veces sus creencias limitantes rechazan de forma inmediata los deseos de abundancia, mejor calidad de vida o mejor estatus social, o inclusive hasta limitan sus deseos de sentimientos o bienestar físico, pues se han hecho de la creencia que de alguna manera eso va en contra de la virtud divina. Ignoran también que no es lo que se adquiere lo que define quien eres, sino que primeramente se define quien se desea ser, para luego tener, y si, también ignoran que cuando se logra ser esa persona que se desea ser se adquiere todo lo demás por añadidura, todo lo demás, todo lo que muestre en quien te has convertido. De ahí que definir quien realmente deseas ser, colma de abundancia esas áreas de tu vida. Por ende, es de suma importancia que revises con mucho cuidado tus creencias, debes ordenar tu archivo de creencias como ordenarias un estante de libros, y todo lo que no te sirva, lo que te haga sentir mal y traiga conflicto interno debes tirarlo a la basura. Puede que desees muchas cosas, pero al mismo tiempo puede que no creas lograrlo, puede que no creas ser merecedor, puede que creas que las personas que alcanzan tales deseos no son cultas y decentes. Y eso genera un sentimiento de malestar, predominante ante cada deseo, y por consiguiente traerá más malestar como resultado final. Estas creencias limitantes están tan fuertemente instaladas en tu subconsciente que eres dirigido por ellas sin que te des cuenta, y mediante el sentimiento de malestar que generan se podrían detectar. Por tanto el sentimiento, el cómo te sientes ante un deseo es el indicador de la creencia que albergas dentro de ti. De ahí la importancia de mantenerse alerta al sentimiento dominante cuando tienes un deseo.

Cada uno de nosotros tendrá un momento en su camino en donde algo le parece que no está bien, se dará cuenta que algo no puede ser como creíamos, buscará respuestas a esas dudas y encontrará señales que le indican que debe cambiar sus creencias, señales tanto internas como externas. Esta confusión en muchas personas refleja a la perfección el diálogo entre Jesús y Felipe, el discípulo en el capítulo 14 de Juan refleja hasta ese momento la mente indisciplinada que se limita en su ignorancia a creer que el poder de la creación, Dios, está fuera de él mismo, y por tanto no cree ni sabe quién es Dios, cree saber pero en su interior desea conocer la verdad, Juan 14: 8-9, -8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?-

Siguiendo el diálogo Jesús le da una respuesta clara, Juan 14:10-11, -10 ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, es quien hace las obras. 11 Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creed por las obras mismas-.


¿Qué es lo que verdaderamente nos quiere decir estos versículos? Por favor medita por un momento…


Nuestra verdadera esencia, siempre estará en nosotros. No hay diferencia alguna entre tu y quien más admiras o quien creas exitoso o santo. Creeme no la hay. Todos llevamos dentro el mismo poder, sin distinción alguna. Algunos saben y conocen cómo dirigir ese poder hacia lo que desean, esa es la diferencia. Por encima de las limitaciones y calamidades que el mundo revele, si sabes quien eres realmente entonces podrás vencer fácilmente la oscuridad y las tinieblas de todo aquello que ante los ojos de muchos amenaza con destruir lo que desean, puede anunciarse la peor de las noticias pero quien sabe confiar en quien realmente habita dentro de nosotros, no temerá mal alguno pues sabe muy bien quien es su único salvador, y habitara en la casa del padre por tiempo infinito.

Se te ha dado poder sobre toda la creación, para que siempre estés en evolución, puedes ser cada día una mejor versión de ti mismo si así te lo propones, puedes convertirte en quien quieras convertirte y alcanzar lo que te propongas alcanzar, puede que tu mente hasta ahora este muy limitada pero tu poder de imaginar y sentir no están limitados. Si tan solo supiéramos usarlos conscientemente hacia lo que deseamos, enterrando las limitaciones y las falsas creencias, entonces nuestras vidas estarían más llenas de armonía y abundancia. Seríamos testigos de lo que es habitar en la casa de Dios como de sus obras mismas.

Cuando tomas una semilla y la plantas en lo profundo de la tierra, no tienes duda alguna de lo que en su debido tiempo esa semilla producirá. A su vez esa semilla en su esencia está destinada a ser y producir su semejanza, así como es el fruto del cual proviene así también de igual manera producirá, no fallará. Será y producirá a la imagen y semejanza de lo que lleva dentro. De esa misma forma tus deseos llegan a existir en el mundo objetivo. Cada experiencia que recibas revelara que semillas plantaste en tu reino interno, y como eres semejante a ese poder de creación, entonces las obras revelaran quién eres realmente. Cada imagen que sostengas cargada de sentimiento son la semilla de lo que un día recogerás. Ten siempre presente que cada imagen que puedas crear con sentimiento no puede estar anclada en lo que consideras real o posible para ti, pues esa consideración la hace tu mente, y puede que tu mente, tu forma de pensar esté muy limitada.

De ahí que cada deseo de tu corazón es en verdad un regalo de Dios. Nace de la necesidad de crear o cambiar algo, un deseo que aún no existe objetivamente pero que así como la semilla comienza a germinar en la oscuridad, así de igual forma ese deseo si se lo permites, también germinara imágenes y sentimientos que dan lugar a creer incondicionalmente en él, hasta llegar a aceptarlo en tu corazón, cuando lo aceptes como un regalo de Dios estás entonces dando lugar a los medios por los cuales llegara ese final, esa realidad. Viviras con el sentimiento de que ya eres ese deseo, aunque tus cinco sentidos lo nieguen pues no lo pueden ver ni tocar, pero tu ser interno ha alcanzado ese sentimiento.

¿Qué es aceptarlo en tu corazón? Es entregarte por completo al sentimiento de cómo sería si ya fuera tuyo. Asumir que ya lo eres. De esa forma estás en el final del deseo, o sea en su manifestación. Asumir y aceptar, o sea abrir las puertas a ese sentimiento, genera inmediatamente las formas o caminos por el cual ese deseo llega a tu experiencia. Una mente con ese comportamiento no cuestiona el cómo y el cuándo, pues sabe que Dios es perfecto y nunca llega tarde si en él se sabe confiar.

1 Juan 5:14-15. - Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. Y, si sabemos que Dios nos oye en todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido-.

No debes nunca tener miedo o duda, te acercas a Dios en el momento que diriges tu atención a lo que deseas realmente ser y tener, abordas ese sentimiento con la certeza de que así será. Él está dentro de ti, cada vez que dejamos que el miedo o la duda se interpongan entre nuestros deseos nos alejamos de esos deseos, damos la espalda a ese poder.

Acepta lo que deseas demostrando lo que sentirías si ya fuera tuyo, agrada a Dios. Se te ha dicho que sin fe es imposible agradar a Dios. (Hebreos 11:6). Pues bien demuestra que has aceptado lo que deseas y sigue tu camino confiado que así será, permítele darte todo lo bueno que él tiene para ti.

¿Te atreves a seguirle y serle fiel en todo momento sin importar lo que diga la razón y tus cinco sentidos? … Nunca abandones un deseo por más grande que sea, no hay nada más grande ni más poderoso que quien te anima a imaginar cada deseo.


Tu mentor, Noel.




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