Jesus y Pilato.
- Noel Jimenez

- hace 2 días
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Juan 19:10-11, 10 Entonces Pilato le dijo: ¿No me hablas? ¿No sabes que tengo el poder para liberarte o para crucificarte? 11 Jesús contestó: No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te hubiera sido concedida desde arriba; …
El diálogo expresivo entre dos entidades representa los dos estados mentales presentes en cada persona. Por un lado, la entidad iluminada, que está en sintonía con nuestro razonamiento, preceptos, leyes y creencias humanas, proviene de lo alto, del reino invisible donde todo es creado. En el otro extremo, el hombre mismo, siempre imponiendo su realismo, su drama, su obligación de quedar bien consigo mismo y ante los demás, siente la necesidad de poner en duda lo que le parece imposible, incluso cuando la revelación es clara, auténtica y sin resistencia.
Antes de entrar en el diálogo, es necesario aclarar el origen de ambas entidades. Pilatos representa la razón objetiva, en este caso muy cerca de desvelar y rendirse ante el rostro oculto de la verdad. Hasta este momento, es el estado en el que creemos tener control sobre nuestro entorno, pensamos conocer nuestra autoridad, buscamos refugio y nos aferramos a la realidad objetiva. Esta es una consecuencia de lo que hasta ahora desconocemos, nos resulta normal tambalearnos y aferrarnos a ella, aunque en algunos momentos cuestionemos esas experiencias y deseemos conocer más sobre sus causas. Sin embargo, hemos llegado de manera ficticia a sentirnos seguros en esta zona de confort, prefiriendo aferrarnos a lo que parece verdad, incluso cuando la entidad iluminada que dicta una realidad profunda y diferente se presenta como tal y única. En este momento crucial, el estado que hasta ahora ha tenido el poder de dictar toda la existencia comienza a debilitarse, deja de mirar lo que le ata o esclaviza al efecto y se entrega cuando la verdad se presenta ante él, sin más remedio que rendirse y dejar que esta cumpla su papel de salvación. Este es un punto clave, pues Pilatos representa la actitud pasiva, se entrega y se inquieta cuando gira su atención hacia quien se proclama como único Salvador o causa creadora.
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Antes se produjo una transformación al oír las palabras: mi reino no es de este mundo, … he venido para dar testimonio de la verdad… ¿Qué es la verdad?. Te retiras a tu aposento y meditas; allí, y solo allí, comprendes que quien está frente a ti es la causa y origen de todo. El poder que gobierna el reino de las causas, la energía que potencia tu conciencia para alcanzar innumerables estados, se manifiesta como lo único que es: la verdad absoluta de todo lo creado. El poder objetivo queda atrás, consciente de que no tiene más que hacer que entregarse a la petición de salvación, por lo que cede su papel como figura objetiva con el simbolismo del lavado de manos. Desde ese momento, nada más queda por hacer, su estado limitado es borrado y fue una gran prueba para demostrar que la entidad iluminada debía “descender” a este mundo de los efectos no solo para dar testimonio de su existencia, sino también para que cada uno de nosotros adoptemos esa existencia como la única identidad por la cual y en la cual existimos todos por igual, sin excepción ni separación alguna. Esta es la mayor entrega hecha a cada una de nuestras conciencias: desarrollar el poder creativo hasta lograr ser uno con él, haber trascendido nuestro limitado entendimiento hasta alcanzar el control que nos guíe voluntariamente y de forma consciente a cualquier estado o esencia deseada. Ser uno con Dios es el mayor regalo que hemos recibido; esa entrega es la mayor de las muestras de lo que llamamos amor.
El sabio, de manera reveladora y simbólica, cuenta cómo un ladrón es liberado por la entidad que representa el poder realista u objetivo. Barrabás es liberado, simbolizando al ladrón, y se presentan dos grandes revelaciones al hombre. Una sugiere dejar ir aquello que hasta ahora le roba, priva o limita de ver a quien realmente podría mostrarle la verdad o la causa de sus fallos y deseos. La otra revelación es que hasta que no se libere a ese "ladrón" o limitación, no se puede acceder al enfrentamiento o contemplación que implica algo hasta ahora contradictorio: que la causa o creación de lo visible no está relacionada con lo que llamamos realidad, sino con el reino superior o el mundo de las causas. Bien se te dijo que no puedes servir a dos amos al mismo tiempo, Mateo 6:24.
Despojarse para reconocer. El hombre se debate entre dos mundos: la realidad, que es tangible y visible, y lo subjetivo, que no es accesible para nuestros cinco sentidos.
La realidad objetiva, siendo inmutable desde abajo, solo puede traer más de lo mismo, más de su limitada y condicionada existencia. Ahí puedes luchar, debatir, sacrificar y agotar todo lo que quieras, pero esta seguirá repitiéndose, robando tus deseos, pensamientos y energías hasta convencerte de que estás a merced de un poder externo que supuestamente sabe lo que te conviene o no. Este es el fondo de la existencia: convencerte de que alguien o algo muy externo a ti, de alguna forma, tendrá piedad de tus congojas y esfuerzos. Esta actitud, disfrazada de ladrón y nacida de tus propias asunciones, te roba y engaña, te ata y somete a un entorno indeseado. Necesitas algo para reemplazarla; primero debes darte cuenta de que esa realidad no promete nada nuevo, por lo tanto, para cambiarla, debes mirar donde hasta ahora no has estado mirando.
Creencias erróneas y costumbres perjudiciales que imponen una manera de pensar y comprender lo que ellos llaman misterio, pero para estos sabios escritores todo era claro y evidente. Hasta ese momento, Pilato representa esos falsos credos; creen conocer la causa y la forma de lo existente, gobiernan con "leyes" basadas en lo que erróneamente consideran bueno y malo, y someten mediante creencias limitantes a la eterna idea de que entre Dios y el hombre hay separación, y que, por tanto, poco o nada podemos hacer ante la insignificancia de lo que ellos mismos creen ser. Ahora todo eso se derrumba, la falsa idea colapsa ante la luz reveladora, y el misterio que revela y demuestra claramente lo que realmente funciona en la práctica te indica que es el único camino, verdad y vida, en este preciso instante, no en el más allá ni en una vida celestial, ¡no!, es más pronto que ahora y más preciso que el instante actual.
En ese momento, te encuentras en una encrucijada: a tu izquierda está quien te roba y a tu derecha quien te promete la salvación o el cambio deseado. ¿Qué haces? Tú eres Pilato, entras en un momento de confusión, liberas al ladrón y ahora esperas hacer preguntas a quien se proclama Salvador, quien se proclama como única verdad o realidad. Tienes el poder para liberarlo igual que lo hiciste con quien te roba, o tienes el poder para permitir que se una simbólicamente en la cruz, donde se representa la unión del hombre con el poder creador de todo lo visible e invisible.
No tendrías tal autoridad si no se hubiera otorgado desde lo alto, desde el poder creativo presente en cada conciencia que habita en cada persona. Este pasaje, además de revelador, muestra un gran evento para la conciencia misma: la unión eterna entre Dios y el hombre, entre la energía y la conciencia como una sola. Revela poder y una gran Ley, la conciencia como única realidad. Se hará en la tierra como en el cielo. Ahora somos uno con Dios, sin separación ni precepto alguno. Es un principio inmutable de la creación, cuya correcta aplicación depende del juicio de cada conciencia. Todos se arrodillaron cuando la revelación del Salvador salió a la luz. Pareciera que después de dos mil años seguimos igual, con actos y preceptos que continúan negando al verdadero Cristo; nuestra ceguera interna sigue decadente a pesar de que la revelación es clara y evidente.
En ese pasaje, la resurrección estaba cerca, solo una condición debía cumplirse: la rendición. La actitud de Pilato para liberar y entregar quizás sea la actitud ausente entre quienes falsamente dicen creer. El papel de Cristo es simple y contundente, y luego dijo a los discípulos: ―Si alguien desea seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Mateo 16:24. Y luego dijo a los discípulos: ―Si alguien desea seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. ¿Aún no eres su fiel seguidor? ¿Puedes renunciar a las actitudes y creencias que hasta ahora te han robado asunciones, pensamientos, tiempo y energía para enfrentarte con la actitud de entrega incondicional a eso que tanto deseas, a eso que en tu propia conciencia se puede sentir como la Salvación deseada? Si es así, entonces es todo lo que debes hacer, no hay nada más entre tú y a quien sigues, todo está consumado y la hora de resurrección llegará.
Estimado lector, encuentra en tu interior el estado opuesto a aquello que te preocupa o atormenta, adopta por un momento tu vida desde ese estado y sonríe. Si lo haces, y sé que puedes hacerlo, entonces habrás transitado de ese cuestionamiento a la propia resurrección.





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