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-Al menos que creas como YO creo!

He podido observar desde el conocimiento religioso en el cual muchos de nosotros fuimos educados, como esta respuesta de Jesucristo sería una frase en la cual ninguno podría ser participe, no se identifica con la mente ordinaria del hombre común, del hombre esclavo de su inconsciencia, por el simple hecho que crecimos creyendo que la identidad de Cristo pertenece a alguien de carne y hueso muy lejano de lo que humanamente somos, aunque esa identidad busque en nosotros todo lo contrario a esa creencia. Ahí precisamente recae la confusión, en quedarnos como simples experiencias humanas a la merced de un poder que quizás nos otorgue lo que deseamos o quizás no, quizás nos salve o quizás no, quizás permita que unos vean a ese Dios después de la muerte y otros quizás no. Pues esa es la ideología principal de la mayoría de credos religiosos, enfocar tu poder en la existencia de un reino ajeno completamente a lo que en realidad eres, llevándote a adoptar una impotencia y una sumisión la cual no tiene nada que ver con el verdadero Dios. Asumimos de acuerdo a ese credo lo que es bueno y lo que es malo, creando una enorme confusión y una tremenda carga de culpabilidad por todo aquello que inconscientemente hemos aceptado como impuro, se crea una lucha dentro de uno mismo por ser una persona pura de acuerdo a las creencias de los que aún duermen en sus cinco sentidos. De esa manera vivimos nuestras vidas tratando de complacer a un Dios inexistente, terminando en la mayoría de las veces experimentando más del malestar del cual deseamos escapar, pues al estar ausentes de nuestra verdadera identidad nos hundimos en el valle del miedo y la duda, donde suplicamos o imploramos desde el sentimiento de carencia. Ese sentimiento que sin darnos cuenta se convierte en la mayor de las plegarias para el poder que reside en ti, el cual es el mayor de los poderes. Por ejemplo, podemos pensar en aquellos que confiesan sus faltas impuras esperando una redención por esos pecados, pero la mayoría de ellos no solamente salen del acto con cierta inconformidad, manteniendo el sentimiento de estar a la merced de una misericordia ajena completamente de ellos mismos, sino que al tiempo repiten y repiten esos actos que tanto les hace sentir mal, o atraen hacia ellos mismos situaciones en las cuales se identifican con lo que creen que están haciendo mal. Desconocen el verdadero perdón y el verdadero arrepentimiento, pues no se han dado cuenta que el ingrediente esencial es sentirse como la persona que desean ser, retirar la atención por completo de lo que consideran impuro y enfocarse en quienes desearían ser. Al no saber asumir lo que desean ser, repiten la actitud que pospone o lleva a dejar de lado muchos de sus anhelos y deseos, pues su idea de Dios es tan limitada que solo el hecho de pensar en una mejor vida les hace sentir impuros, ignorando completamente que todo lo existente ha sido creado por Dios, y él tiene todo banquete a la orden de quien en verdad desee y crea. Desear y creer que ya se es, es sentir. Te repito que el sentimiento es la verdadera súplica a eso que llamas Dios. Por tanto, sentir es algo interno, algo que está dentro de ti, y por ende Dios y su reino están también dentro de ti. Si tu atención se dirige continuamente a lo que catalogas como malo, por ende inevitablemente experimentaras más situaciones relacionadas directa o indirectamente con tu concepto de lo que es malo, siendo también en la mayoría de las veces, de alguna forma, participe de esos actos que confirman que eres un ser a la merced de un poder externo, asumiendo que todo lo que puedes hacer es seguir el dictado de un credo y esperar que ese ser ajeno a ti se apiade y pueda aunque sea en lo más mínimo hacerte partícipe de su reino, con la idea equívoca que ese reino les espera después de la muerte. Esta forma de actuar es una de las peores actitudes que constantemente repite aquel quien desconoce el verdadero mensaje de las escrituras bíblicas, lo cual por supuesto es también desconocer quienes somos realmente. Veamos más claramente, en la respuesta de Jesucristo a Felipe:

Juan 14;8-14.

8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Miles y miles de peticiones se han realizado desde el mal entendimiento de este mensaje, y miles y miles de peticiones no han sido respondidas pues no se entiende el verdadero mensaje. Claro y evidente es que todo aquello que genera duda o miedo fácilmente se apodera de la mente y del sentir de todo aquel que no sabe pedir en su nombre. Pues si todo lo bueno que deseas ya hubiese sido pedido en su nombre no habría nada externo que pudiera entrar y arrebatarte lo que ya eres. Tiempo presente: todo lo que pidas al Padre en mi nombre.

Para aquel que aún desconoce su poder interno se le hace muy difícil sino que imposible, mantener un deseo sin que sea distraído por la realidad de sus cinco sentidos. Me he dado cuenta que la mayoría ni siquiera se atreve a desear debido a que sus creencias limitantes les atan a una idea de virtud falsa. Por ende, si no saben definir un deseo despegándose de sus creencias limitantes y prejuicios morales, mucho menos sabrán que el sentimiento presente es la orden emitida a Dios, ignorando de igual manera que ese Cristo interno mediador es el camino, la verdad y la vida para que ese sentimiento de lo que se desea, sea creado y mantenido sin que la realidad de los cinco sentidos influya en lo más mínimo. Es de ahí la importancia de pedir y creer como él mismo permite que lo hagas. Pedir en su nombre se refiere a asumir el estado deseado como si ya fuera la única realidad existente en ti, cuando lo logras has glorificado al Dios que vive en ti, pues verás como inevitablemente esa realidad subjetiva llega a objetivarse, y serás recompensado en público, Mateo 6:6.

Una obra de arte viene del artista, tanto la obra es testigo de su creador como el creador es testigo de su obra, sea una obra admirable como puede que sea algo desconocido. De igual manera, quien tu crees realmente ser, es testigo de tus experiencias y tus experiencias reflejan quien realmente eres, entiendes?. Puede que muchas de esas experiencias no sean de tu agrado y quizás desees cambiarlas, al igual que deseas cambiar personas o circunstancias en tu vida. Más realmente no tienes que hacer ningún cambio, lo que debes en realidad cambiar es a ese quien crea todas esas situaciones desagradables, y ese ser es: tu conciencia de ser o quien realmente crees que eres. Tu conciencia de ser debería ajustarse a tus deseos, desafortunadamente la mayoría de personas tienen sus conciencias atadas a sus cinco sentidos, a su realidad objetiva y por ende se les es muy difícil creer en aquel que no es de este mundo. Juan 8:21-29, Juan 18:36.

Querido lector, mi intención es que logres ser tan consciente de quien realmente eres que logres apartar tu atención de eso que llamas problemas y puedas voluntariamente con tu poder de sentir dirigirla a eso que realmente deseas, aunque después vuelvas a la realidad que te incomoda, pero vuelves tras haber asumido lo que en verdad deseas, de esa forma no importa las circunstancias presentes pues ya tu sabes que tu deseo te espera pues esa es la promesa de Dios, hacerte testigo de todo lo que asumas como verdad, sin intermediarios y sin percepción objetiva, todo lo que pidas en su nombre.

Tu mentor, Noel.




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